Reflexión sobre cómo escoger una pareja: Pingüinos y Leones, una distinción que ayuda

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Hoy entró por la puerta de la consulta un joven gay, de casi cuarenta años, profesor de danza, con un rostro armonioso, y un porte un poquito menos del promedio de los chilenos. Al verlo sonreír, se nota el brillo en sus ojos sobre la mascarilla KN-95, y siento la presencia de una persona altamente sensible (PAS).

En los viajes de las constelaciones es tanta vida la que se presenta en mi consulta que, Gracias a Dios, después que las cerramos, guardo toda la información en un disco duro en mi alma que, cuando pongo un dato, se activa y viene el recuerdo al presente.

Después de un bello caminar en que me relató lo que le había ocurrido después de la constelación anterior. El asma que lo había hecho consultar lo había dejado y no había vuelto a tocarle la puerta. Me sonreí y le murmuré al Gran Misterio todo lo que me sorprendía cada día con cómo funcionaban las constelaciones.

—¿Por qué vienes a consultar ahora?—le pregunté.

—Vengo a hacerme un control. Estuve varios meses en Chiloé escribiendo mi libro de poemas que presentaré el jueves. Me ayudó mucho el proceso de escritura para expresar mis demonios, pero tengo uno muy presente que no he podido exorcizar—me contestó. —Tengo la sensación que se me abrió una gran herida y que, en vez de sanar, de tanto limpiarla, solo quedó limpia en la superficie, pero hay pus bajo ella. Me encontré con la rabia.

Hablamos sobre su dragón y la importancia de educarlo y sacarlo a pasear todos los días. No siempre había que decirle que no, es un aliado para poner los límites y, bien adiestrado, puede ser un gran aliado. Por otro lado, al comentar que el alcohol a veces lo sacaba de su jaula, me dijo que su padre era alcohólico y que, quizás, de ahí venía su herida.

Todo lo que me relataba no nos llevaba a ningún lado. Yo esperaba, disfrutando el mirar su gentileza, el escuchar su voz armoniosa y ver la salud en su rostro. Sin embargo, mi Sherlock Holmes no despertaba, solo seguí ahí, frente a él, en presencia. En eso, recordé cuando les explicaba a mis alumnas que, a veces, uno no sabe, que no aparece nada, y que solo hay que esperar y tener paciencia. Es como ser el suplente en un deporte, solo debes permanecer en la banca hasta que el entrenador te llame a entrar y te de la oportunidad.

Me habló de la rabia que sentía y del miedo de ser como su padre. Yo seguía mirándolo sin sentir nada. Había pasado media hora y todavía no se abría la puerta, aunque, por suerte, era la última hora y podía darme más tiempo para que llegara una señal. Entonces, como un impulso que aparece al conocer las técnicas, le dije:

—Pon tus pies en el suelo para enraizarte y trae una situación de rabia, aunque sea algo pequeño, y dime dónde lo sientes en el cuerpo.

Él se dispuso a la situación y me comentó lo que sentía. Por mi lado, comencé a hacer la Democratización de la Emoción, que es transmitir la sensación de la emoción a distintas partes del cuerpo para que se comparta aquello que estaba monopolizado y se descargue la energía del trauma acoplada a esa emoción.

La conexión con su cuerpo era fluida y sentida, todo marchaba. Era una linda experiencia de Somatic Experiencing y, quizás, solo eso tenía que ser: sostenerlo y ayudarlo a descargar. Seguía sentada en la banca mirando un estadio donde no había juego.

Entonces, mi Sherlock vio una pista y preguntó—¿Cuál es la situación que trajiste?

—Estaba con mi pareja y me planteó hacer un trío y, con unas copas de más, salió mi dragón y quemó todo, tanto, que mi pareja huyó y no lo vi más—contestó.

Por fin vino el llamado del Entrenador con una imagen clara y evidente. Esto no tenía que ver con el padre, sino que con un congreso de almas en su interior: el pingüino enamorado, el partner, la mujer romántica, el bailarín fogoso, el arquitecto que proyecta su casa, el perro fiel y leal. Estaba todo el congreso del amor. 

Al nombrarlos a todos, él me miraba con los ojos desorbitados. Yo lo tranquilicé explicándole que era normal, que nuestro interior es un estadio, un congreso interno. Entonces, pude decirle cómo todo su congreso de amor había entrado en shock frente a la propuesta de su pareja. Era una explosión de llanto, incredulidad, ladridos y gritos que despertaron al Dragón, le dieron unos tragos de alcohol, y un ángel le susurró al oído lo que sucedía tres veces, ya que las primeras palabras solo fueron recibidas con incredulidad. Frente a eso, el Dragón despertó, quemó todo lo que encontró a su paso, y la pareja huyó para no volver.

Mientras relataba esto, el congreso escuchaba atento y asentía. El pingüimo emamorado, el partner, la mujer romántica, el bailarín fogoso, el arquitecto de la pareja eterna y el perro leal y fiel. ¿Qué había pasado? El ángel, enviado por amor, sabía que la única manera de que esa relación terminara—necesario porque lo iba a terminar llevando al infierno—era con la acción del Dragón. Y así fue, porque el congreso enamorado no lo iba a hacer y solo agacharía la cabeza y sufriría.

—¿Te das cuenta de la bendición de tener un Dragón, en especial guiado por un ángel?—Le pregunté—¿Sabías que eres un pingüino y no un león?—Seguí.

Me miraba incrédulo. No sabía qué diferencia había y le expliqué. Los pingüinos solo tienen una pareja, los leones muchas. Es lo que hoy se llama monoamor o poliamor. Su congreso del amor en una relación con un león iba a ser un infierno. Además, era un PAS, lo que hace más difícil relacionarse con un león, ya que normalmente son pingüinos. Su herida había nacido de esa experiencia, era un duelo de su pingüino enamorado, pero el Dragón lo había salvado del dolor. 

Entonces, pude ver en sus ojos cómo el pingüino fue a visitar al Dragón y a abrazarlo. El congreso aplaudía con ojos llenos de fresco rocío de mañana.

—¿Debo buscar otro pingüino?—Me preguntó.

—Si quieres evitar dolores, debes buscar a alguien parecido o asumir  responsablemente que eliges a alguien distinto.

Este es un dato más para anotar en la búsqueda del amor de pareja.

Vilma Bustos Coli
Psicóloga Clínica PUC
Consteladora Familiar
Experta en trauma individual y social
Somatic Experiencing Practitioner

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